Colegio Stmo. Cristo de la Sangre

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MEMORIAS BERLINESAS

 

Los alumnos de “El Cristo” impresionados por la ciudad de Berlín y su historia

Teresa Martín Merchán. Hace ya más de un mes, que nosotros, los alumnos de 1º de Bachillerato, nos encontrábamos campando a nuestras anchas por Berlín. Ahora solo nos quedan los recuerdos y las anécdotas, y bueno, las fotos (que no son pocas).
Nuestro viaje empezaba con inquietud y nervios para algunos, intriga para otros, y con bastante sueño para todos, debido a la hora a la que tuvimos que levantarnos para poder vivir aquella experiencia.
img_6941Tras llegar aquel lunes 3 de abril, que ahora parece tan lejano, al hotel divisábamos unos cinco días demasiado largos y cansados. Ese primer día lo dedicamos a recorrer a pie cada uno de los monumentos y lugares de los que con mayor detenimiento podríamos disfrutar los siguientes días. El martes, entre unos cuantos lugares de nombre alemán impronunciables, destacó la visita a la isla de los museos donde pudimos disfrutar de ver a Nefertiti. El miércoles, pudimos ver el Reichstag (el parlamento), Checkpointcharlie (punto de paso más conocido de los utilizados durante la Guerra Fría), y, además, tomamos conciencia de la historia alemana en la topografía del terror.  El jueves tocó una visita guiada un tanto interesante, pero de lo menos agradable, a Sachsenhausen, un campo de concentración nazi, en el cual pudimos ser testigos de la mayor destrucción humana de la historia. Por último, el viernes vimos el muro de Berlín, y nos preparamos para despedir a esa ciudad moderna, gris y fría, a la cual en pocos días habíamos “cogido cariño”.
Allí, aprendimos muchas cosas, pero la más notable sin duda fue la importancia de la historia, la importancia de recordarla y no mantenerla en el olvido como muchas veces pretenden que hagamos. Porque hemos podido observar de primera mano el empeño que tienen los alemanes en exponer tan lamentable episodio histórico, pero no en vano, sino para evitar que se repita. Para poder evitar que las ansias de poder y el conseguir una salvación de manera desesperada acaben de nuevo en una destrucción humana tan grande, para evitar que nuestra posición ante todo sea la indiferencia, para evitar algo que quizás ya esté en camino.
Os contaría de una manera más detallada cada paso que dimos por Berlín, que os aseguro no fueron pocos, pero confío en haber despertado lo suficiente vuestra curiosidad como para que decidáis visitar esta ciudad, eso sí, aviso importante a quienes se decidan por ello: los alemanes no destacan especialmente por su simpatía.
Nuestro viaje empezaba con inquietud y nervios para algunos, intriga para otros, y con bastante sueño para todos, debido a la hora a la que tuvimos que levantarnos para poder vivir aquella experiencia.
Tras llegar aquel lunes 3 de abril, que ahora parece tan lejano, al hotel divisábamos unos cinco días demasiado largos y cansados. Ese primer día lo dedicamos a recorrer a pie cada uno de los monumentos y lugares de los que con mayor detenimiento podríamos disfrutar los siguientes días. El martes, entre unos cuantos lugares de nombre alemán impronunciables, destacó la visita a la isla de los museos donde pudimos disfrutar de ver a Nefertiti. El miércoles, pudimos ver el Reichstag (el parlamento), Checkpointcharlie (punto de paso más conocido de los utilizados durante la Guerra Fría), y, además, tomamos conciencia de la historia alemana en la topografía del terror.  El jueves tocó una visita guiada un tanto interesante, pero de lo menos agradable, a Sachsenhausen, un campo de concentración nazi, en el cual pudimos ser testigos de la mayor destrucción humana de la historia. Por último, el viernes vimos el muro de Berlín, y nos preparamos para despedir a esa ciudad moderna, gris y fría, a la cual en pocos días habíamos “cogido cariño”.
Allí, aprendimos muchas cosas, pero la más notable sin duda fue la importancia de la historia, la importancia de recordarla y no mantenerla en el olvido como muchas veces pretenden que hagamos. Porque hemos podido observar de primera mano el empeño que tienen los alemanes en exponer tan lamentable episodio histórico, pero no en vano, sino para evitar que se repita. Para poder evitar que las ansias de poder y el conseguir una salvación de manera desesperada acaben de nuevo en una destrucción humana tan grande, para evitar que nuestra posición ante todo sea la indiferencia, para evitar algo que quizás ya esté en camino.
Os contaría de una manera más detallada cada paso que dimos por Berlín, que os aseguro no fueron pocos, pero confío en haber despertado lo suficiente vuestra curiosidad como para que decidáis visitar esta ciudad, eso sí, aviso importante a quienes se decidan por ello: los alemanes no destacan especialmente por su simpatía.

 

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